29 June 2009

Barcelona inspira

Soy un observador. Me dedico a eso. Por extraño que parezca, no tengo ningún otro trabajo. Además, observando tanto al mundo y a la sociedad, a uno se le van las ganas de inmiscuirse en ella.

Sin duda los mejores lugares para encontrar lo más variado de este mundo son los centros de las grandes ciudades, pero éstos suelen ser también un sufrimiento.

Pongamos por ejemplo un café abarrotado. En la mesa vecina, un hombre explica a voz en grito los logros que ha obtenido como abogado, y mira de reojo la reacción de los desconocidos que le rodean. Al otro lado una mujer observa descaradamente todo lo que hago, como si yo fuera un ser extraño que de repente ha interrumpido la normalidad de la cafetería. Me entran ganas de preguntarle que por qué le merezco tanta atención. Pero me distrae la entrada de dos jóvenes chicas, que creen tener una alfombra roja bajo sus pies, y miran a todo el mundo pensando que atraen sobre sí todas esas miradas, cuando en realidad, como no paran de observar a su alrededor, provocan que todo el mundo las mire para ver qué ocurre. Pero ambas quedan satisfechas con el resultado de sus expectativas y se sientan hablando fuertemente sobre su última adquisición de un costoso artículo.

Me dirijo a pagar y el camarero me anuncia el precio con mirada asesina. Deja el cambio en la mesa con un gesto brusco, lo que me convence de no dejarle propina. Y salgo a la ruidosa calle, abarrotada de vehículos y transeúntes. Cientos de personas llevan bolsas en las manos, llenas de cosas probablemente innecesarias. Por mi lado pasa un extraño personaje con tantos complementos, colores y maquillaje que me pregunto si sale del teatro que hay un poco más abajo. Detrás suyo viene una mujer vestida elegantemente y lleva a dos niños mimados de la mano. Querían chocolate de la panadería y no lo han conseguido. Por eso se paran a discutir en medio de la calle, frenando el paso a los que queremos continuar andando. Pero a la mujer parece importarle poco, así que se entretiene hablando con sus cachorros y yo paso como una exhalación por su lado. Me mira mal y me insulta. Yo elimino toda expresión de mi rostro, pero cuando ya me he alejado me río de su reacción.

Hay unos grandes almacenes en los alrededores, y entro en ellos. Estoy terminantemente en contra del consumismo, y qué mejor sitio para observar uno de los mayores problemas de la sociedad.

Los niños lloriquean porque no han conseguido el juego que tanto deseaban, o el libro lleno de ilustraciones a todo color y de precio exorbitante. Siempre pienso lo mismo: esas criaturas inocentes deberían encontrarse fuera de la influencia del consumismo, ya que cuando están bajo ella son capaces de, a una edad tan tierna, basar su felicidad en el poseer lo que desean. Quizá deberíamos aprovechar esa inocencia para conseguir que disfrutaran de una felicidad ingenua y simple, una que sólo viene con la infancia y que hay que aprovechar un poco más. Y qué tal si de paso los educamos y les enseñamos unos cuantos valores. Quizá el padre debió comprar el libro con ilustraciones y apagar la televisión unos días.

Paso por la zona de ropa para mujeres. Una joven anuncia que está buscando unos zapatos verdes porque no tiene ningunos que le combinen con su nueva blusa. Sólo tiene unos azules, tres pares negros, dos blancos… por la manera de hablar que tiene deduzco que aunque su armario está tan lleno, su biblioteca está muy vacía.

Una adolescente recrimina a su madre el no haberle comprado los pantalones de marca que costaban una cantidad exagerada. La mujer decide ignorarla, creyendo acaso que eso será más cómodo para ella pero sin duda pasando por alto que no contribuye a su educación. Así que la mujer se distrae contemplando un pañuelo mientras la adolescente se queja en voz alta y llama la atención de los que pasan por su lado.

Veo dos jóvenes al fondo del pasillo que me recuerdan a las de la cafetería, sólo que tienen más educación al hablar. Sin embargo me pregunto qué diferencia hay entre la ropa que llevan y un camisón. Llevan unos tacones tan altos que inevitablemente sus caderas bailan de un lado a otro de una manera provocativa, y mientras los espectadores masculinos abren los ojos y el público femenino frunce el ceño, ellas suben la barbilla y exageran el contoneo de sus caderas. Por un momento deben haberse creído las princesas de la ciudad.

En la zona textil masculina me encuentro a un hombre mayor. Se queja de los precios que marcan las etiquetas y le dice a su mujer que ya no se puede ir a comprar. Lo dice en voz alta y en tono seco para que a las dependientas de los alrededores les quede claro. Me imagino que a aquel hombre le encantaría empezar una acalorada discusión con cualquier trabajador de la planta, pero antes de verlo me voy del lugar.

Oigo muchos comentarios como: “tengo que comprarme uno de esos que anuncian ahora, todo el mundo los tiene”, “¡no puedo pasar sin estos pendientes, son indispensables!”, “…y él se lo compró, el otro día vi que lo llevaba. No voy a ser yo menos”, “En la tele dicen que si usas esto, tu piel estará joven siempre. El precio es muy elevado, pero en la tele también dicen que…”, “este bolso de piel tan pequeño cuesta la mitad de lo que pagué por mi coche, pero es la última moda y hay que llevarlo si quieres ir al día”.

Podría escribir muchas más cosas: cómo la gente se cree unos anuncios cada vez peor desarrollados, cómo cobren lo que cobren, dilapidan su dinero en cosas que solamente los medios de comunicación y la publicidad dicen que son indispensables, pero en realidad si no fuera por eso nadie llegaría a la conclusión de que son necesarias. O al menos yo no creo que si estuviéramos fuera del alcance de toda esta comedura de coco que ha creado la sociedad, se nos ocurriría que necesitamos 20 pares de zapatos, un aparato tecnológico que cuesta lo que pagamos de hipoteca, o simplemente ropa interior que cuesta medio sueldo y que no muchas personas van a ver… o deberían ver.

Apartando las tiendas a un lado, ¿qué ocurre fuera?.

Paseo por una amplia avenida, y veo cómo un niño pega a su madre. Ella le ignora y sigue caminando. Murmuro algo acerca de la educación y la mujer me echa una mirada altiva y orgullosa.

Unos adolescentes cuentan cómo el otro día hicieron llorar a su maestro. Se sienten muy orgullosos de haberlo hecho, y al parecer lo que menos les importa es a dónde llegará su educación. Estudiar es aburrido y es difícil, dicen. Y yo pienso “quizá si probaran de hacerlo durante más de media hora, descubrirían que se hace más fácil…”

Más lejos una pareja que sólo acaba de llegar a la adolescencia pero parece no saberlo: están muy ocupados haciéndose una exploración anatómica. Hay gente que los mira mal y me alegro de que todavía estas cosas puedan molestar a la gente que cada vez acepta más cosas como naturales.

Al final decido salir de esa jungla salvaje y cojo un transporte público. Busco una silla que esté más o menos limpia y con el suelo a su alrededor libre de papeles y restos de comida. Y allí me dedico a observar por última vez en el día.

Cerca de mí hay una chica joven, vestida con ropa de hace ya unas temporadas. Está cantando tranquilamente y la gente la mira como si estuviera loca. Pero yo me paro a escucharla y me doy cuenta de que tararea una conocida melodía de un compositor clásico. Veo también que al lado lleva un instrumento. Al percatarse de que la observo, se gira y me sonríe. Me siento agradecido de su reacción y me pongo a hablar con ella. Ella no es una observadora como yo, es una persona que vive ajena a toda la sociedad y que simplemente ignora todo lo que yo miro y critico. Pero su conversación es interesante y disfruto de ella durante el trayecto que queda hasta mi barrio.

Al menos, al final del día me he topado con un superviviente del siglo XX.

Raxi GP

3 comments:

MoonShaw said...

Molt ben escrit! La veritat, tot i que és una realitat, trobo el text una mica negatiu, encara que m'encanta el final! :D Haig d'admetre, però, que això jo també ho faig...
En fi, què hi podem fer?

Raquel G P said...

No lo escribi como algo negativo, es mas bien ironico y lo hice para reirme :p.
Justo al final he visto que hay cosas que no estan bien escritas, lsep, de momento me puedes cambiar los tres "darse cuenta"? Lo demas lo repasare cuando este por mi casa :)
Buen vuelo!!

LSEP said...

I tant, Raquel, tot just me n'he adonat avui i te'n volia parlar... De moment poso el que em sembli i quan vulguis fer més correccions m'ho dius!